Resumen: La capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse es crucial en la rehabilitación tras una lesión cerebral. Cuando el daño afecta las áreas del lenguaje, se genera una gran dificultad en los procesos de comunicación, así como un impacto emocional significativo, lo que incluye un torbellino de estrés, ansiedad y frustración. Por consiguiente, es fundamental considerar cómo influye la interacción entre los factores emocionales y la rehabilitación en la reorganización de estas conexiones neuronales para la recuperación del lenguaje.
Por: Andrea Del Brío Mansilla*
El cerebro humano es un órgano dinámico, cuyo tejido presenta cambios continuos a lo largo de la vida. Estos cambios están ligados estrechamente a las funciones cerebrales, ya sea por asociarse con el desarrollo y envejecimiento saludables o con el deterioro cognitivo producido por una enfermedad o lesión (Budday y Kuhl, 2020).
El término plasticidad cerebral es como denominamos a la capacidad del cerebro para cambiar su organización neuronal y función en respuesta a nuevas experiencias, aprendizajes y desafíos. Estas modificaciones llevan a diferencias observables en el día a día de las personas, pudiendo notarse en su forma de hablar, recordar o interactuar (Kolb y Whishaw, 1998).
Cuando el deterioro cognitivo daña los centros del lenguaje del cerebro, generalmente ubicados en el hemisferio izquierdo, puede aparecer afasia, un trastorno que se manifiesta con dificultades para expresar o comprender el lenguaje verbal y escrito. La recuperación del lenguaje tras este daño es fruto de la reorganización neuronal, proceso que puede verse afectado por factores emocionales y psicosociales (Code, 2021; Le et al., 2024). Por esta razón, debemos plantearnos cómo influyen las emociones en el proceso de recuperación del lenguaje para optimizar los tratamientos de rehabilitación y mejorar la calidad de vida de las personas con afasia.
Tras una afasia por daño cerebral adquirido pueden experimentarse respuestas emocionales intensas, entre las que los pacientes destacan valores altos de estrés, ansiedad y depresión que los acompañan a lo largo del proceso rehabilitador. Junto a estas emociones, además, se suma un duelo asociado a la pérdida del rol comunicativo que acostumbraba a definir la identidad social de la persona en sus diferentes círculos. Kao y Chan (2024) identificaron una mayor frecuencia de síntomas como fatiga, agitación e impacto emocional en personas con afasia post ictus, con un riesgo significativamente mayor de ansiedad, depresión e insomnio, especialmente en los ictus hemorrágicos.
Estas emociones no son estáticas ni están limitadas a la fase inicial de la afasia, por lo que se describe una montaña rusa emocional caracterizada por frustración recurrente en interacciones sociales, especialmente en entornos poco adaptados que exigen respuestas verbales rápidas. Esto genera miedo al cambio y a la situación actual, e incertidumbre hacia un pronóstico desconocido; ira ante la propia limitación; indiferencia emocional; y dificultad para comprender y controlar las emociones (Ferro y Santos, 2020; Manning et al., 2022).
Todas estas emociones estarían afectando a la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones en interacción con factores cognitivos y ambientales. Por consiguiente, estos estados emocionales no son solo una consecuencia de la afasia, sino que también modulan los procesos de plasticidad cerebral esenciales para la rehabilitación. En este sentido, un entorno enriquecido puede potenciar la motivación y la atención, lo que, a nivel neuronal, facilitaría la síntesis de neurotransmisores clave como la noradrenalina, acetilcolina, dopamina y serotonina, relacionados positivamente con la consolidación de aprendizajes motores y cognitivos y con la plasticidad. Como resultado, abordar los aspectos emocionales en la rehabilitación puede optimizar los resultados y mejorar la calidad de vida de los pacientes (Das y Shil, 2023; Gaviria et al., 2020).
La neuroplasticidad permite la adaptación del cerebro, mediando los cambios conductuales en personas con depresión sin daño cerebral adquirido. Sin embargo, esta misma plasticidad puede verse obstaculizada por el trastorno depresivo en sí mismo, lo que demuestra que su influencia va en ambas direcciones (Das y Shil, 2023). De manera similar, las condiciones que alteran la regulación emocional, como la depresión, el estrés y la ansiedad prolongados a causa de la afasia, pueden afectar negativamente la capacidad del cerebro para adaptarse y remodelarse tras una lesión. Esto se debe a que las alteraciones emocionales están asociadas con un peor rendimiento cognitivo en el que se presenta una mayor distracción, disminuida iniciativa, motivación y memoria, y dificultades en otras funciones ejecutivas. Este deterioro cognitivo dificulta la participación activa en las tareas de tratamiento y la consolidación de lo aprendido, lo que representa un obstáculo significativo para la rehabilitación (Gaviria et al., 2020; Pompon et al., 2019).
Diversas estrategias favorecen la reinterpretación de las limitaciones comunicativas y suelen producir mejoras emocionales que, a su vez, facilitan la recuperación de las funciones perdidas. Estas estrategias incluyen: la realización de desafíos superables mediante compensaciones, como utilizar una aplicación móvil que permita expresar ideas y opiniones; el establecimiento de metas diarias que generen sensación de control y logros a través de una lista de objetivos fáciles de cumplir y que no lleven mucho tiempo, como tener una breve llamada telefónica o leer en voz alta; la adaptación de los entornos a una menor demanda lingüística, con la utilización por parte del interlocutor de frases cortas y sencillas; y la regulación de respuestas emocionales negativas, con herramientas terapéuticas como la relajación que puedan ayudar con sentimientos de ira o frustración. Todo lo mencionado, junto a la exploración de nuevas actividades y un buen apoyo profesional, puede fortalecer la autoestima, así como promover la independencia, el bienestar emocional y la regulación emocional en personas con afasia (Manning et al., 2022).
Para concluir, la plasticidad cerebral no solo nos permite aprender y adaptarnos a los cambios a lo largo de la vida, sino que también constituye la base para superar los desafíos comunicativos que plantea la afasia, cuyo proceso de reorganización neuronal está profundamente influenciado por el estado emocional del individuo. Las condiciones que alteran la regulación emocional, como la depresión, dificultan los procesos de neuroplasticidad necesarios para la recuperación. Por tanto, al promover estrategias que fomenten el bienestar emocional, se contribuye a crear un entorno más propicio para la reorganización neuronal y optimizar los resultados de la rehabilitación, permitiendo a las personas con afasia una mejora en su capacidad de comunicación y en su calidad de vida.
Budday, S., y Kuhl, E. (2020). Modeling the life cycle of the human brain. Current Opinion in Biomedical Engineering, 15, 16-25. https://doi.org/10.1016/j.cobme.2019.12.009
Code, C. (2021). Aphasia. En The Handbook of Language and Speech Disorders (pp. 286-309). John Wiley & Sons, Ltd. https://doi.org/10.1002/9781119606987.ch14
Das, S., y Shil, R. (2023). Neuroplasticity in Depression: A New Cure for the Future. ResearchGate. https://doi.org/10.25215/1104.226
Ferro, J. M., y Santos, A. C. (2020). Emotions after stroke: A narrative update. International Journal of Stroke, 15(3), 256-267. https://doi.org/10.1177/1747493019879662
Gaviria, M., Celeghin, A., Michael-Titus, A. T., y Pallier, P. N. (2020). Editorial: Brain Plasticity and Contribution of the Emotional Brain to Neural Remodelling After Injury. Frontiers in Neurology, 11. https://doi.org/10.3389/fneur.2020.606271
Kao, S.-K., y Chan, C.-T. (2024). Increased risk of depression and associated symptoms in poststroke aphasia. Scientific Reports, 14(1), 21352. https://doi.org/10.1038/s41598-024-72742-z
Kolb, B., y Whishaw, I. Q. (1998). BRAIN PLASTICITY AND BEHAVIOR. Annual Review of Psychology, 49(Volume 49, 1998), 43-64. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.49.1.43
Le, H., Lui, F., y Lui, M. Y. (2024). Aphasia. En StatPearls [Internet]. StatPearls Publishing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/sites/books/NBK559315/
Manning, M., MacFarlane, A., Hickey, A., Galvin, R., y Franklin, S. (2022). Regulating emotional responses to aphasia to re-engage in life: A qualitative interview study. International Journal of Language & Communication Disorders, 57(2), 352-365. https://doi.org/10.1111/1460-6984.12702
Pompon, R. H., Smith, A. N., Baylor, C., y Kendall, D. (2019). Exploring Associations Between a Biological Marker of Chronic Stress and Reported Depression and Anxiety in People With Aphasia. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 62(11), 4119-4130. https://doi.org/10.1044/2019_JSLHR-L-19-0111
*La autora es Andrea Del Brío Mansilla, logopeda titulada por la Universidad de Oviedo en el año 2024. Actualmente es estudiante del Máster Universitario en Trastornos de la Comunicación y Neurociencia de la Audición y Lenguaje. Presenta especial interés con respecto al campo de daño cerebral adquirido, tanto a nivel de rehabilitación como de investigación, con el fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes y de promover su lenguaje y la comunicación.
