Las neurociencias son un conjunto de disciplinas científicas que estudian el sistema nervioso en cuanto a su estructura, función, desarrollo y estado patológico. Una de éstas disciplinas es la Neuropsicología, que se define como el estudio del cerebro y la conducta.
La pregunta central sobre ¿Cómo se relacionan nuestro cerebro y nuestro comportamiento? la han buscado contestar filósofos y científicos a partir de diversas teorías a lo largo de la historia.
Una de estas teorías es el Mentalismo que propone que la psique (mente) es una unidad independiente del cuerpo y es la responsable de pensamientos, percepciones, emociones, razonamiento, imaginación, deseo, opinión, dolor, memoria. Después el Dualismo, influenciado por la época propone que la conducta se da por el conjunto de mente y cuerpo, ya que funcionamos como una máquina. Además, ubica a la mente en la glándula pineal, única estructura anatómica en el cerebro que no tiene simetría bilateral.
Finalmente, el Materialismo, es otra teoría, que dice que el comportamiento puede explicarse por el funcionamiento del sistema nervioso, y que no es necesario referirse a una mente inmaterial. Esta es la perspectiva más apegada a la actualidad, pues tiene que ver con la comprobación del método científico. La mente o consciencia se refiere entonces a las funciones en red de distintas partes del cerebro y no a la función de regiones aisladas.
El objetivo de la psicología es describir, explicar, predecir y en ocasiones cambiar la conducta. Mientras que, además de eso, la neuropsicología estudia la relación de la conducta con la actividad cerebral, basado en el materialismo, que propone asumir que el comportamiento es resultado del funcionamiento cerebral.
Para su estudio, el cerebro se ha organizado en regiones o compartimentos formados por grupos de neuronas. Al principio se aprendió del cerebro a partir de su estado patológico, es decir, alguna enfermedad o lesión, lo que permitió descifrar su funcionamiento normal a partir de la habilidad o proceso que la persona afectada perdía, por ejemplo, una persona con una lesión. Sin embargo, cada vez entendemos más que los procesos mentales concretos no están localizados en regiones específicas del cerebro, sino que resultan de la acción en simultáneo de varias regiones o circuitos cerebrales.
El cerebro no trabaja solo, sino que es parte del cuerpo de una persona que está integrada en un entorno sociocultural, con una historia, afecciones, recursos, entre otras cosas. En resumen, no existen procesos psicológicos aislados.
La neuropsicología se ha dividido en dos tipos principales:
- Neuropsicología clínica, que se encarga de la evaluación psicológica, además del manejo y rehabilitación de enfermedades y lesiones neurológicas. Es decir, estudia cómo se alteran los procesos psicológicos a consecuencia de los trastornos en el sistema nervioso. Además, estudia cómo la estimulación cognitiva y la rehabilitación benefician el funcionamiento y con ello la calidad de vida de las personas y si además es posible observar modificaciones en el cerebro conforme la persona se está recuperando.
- Neuropsicología experimental, también conocida como neurociencia cognitiva, se enfoca en cómo surge el comportamiento humano de la actividad cerebral, explicando cómo la alteración del comportamiento puede tener base en componentes neuronales dañados, utilizando diseños experimentales controlados. Analiza además las secuelas físicas, cognitivas y afectivas de las afecciones de los sistemas celulares (no solo del cerebro). En resumen, busca generar conocimiento teórico o bien mejorar las prácticas.
Como mencionamos al inicio, la neuropsicología trabaja en conjunto con el resto de las disciplinas que conforman a las neurociencias y también, con las herramientas que la psicología le otorga.
Una de ellas es la psicometría, que permite evaluar habilidades y conductas de una forma estandarizada, por ejemplo, usando pruebas y cuestionarios. Al poder medir y comparar el rendimiento cognitivo se puede definir si existe algún deterioro, determinar si éste es significativo, o bien, tipificar el daño que una lesión ocasiona en la función cognitiva.
Otra disciplina que aporta de forma importante a le neuropsicología es la neuroimagen, que utiliza diversas técnicas para obtener imágenes del cerebro y con ello estudiar su estructura y funcionamiento, por ejemplo, la Resonancia Magnética (RM), Tomografía por Emisión de Positrones (PET) o el Electroencefalograma (EEG). Estas técnicas han sido revolucionarias para el estudio del cerebro vivo, la localización de las lesiones en el sistema nervioso y la definición de etapas de deterioro cerebral, entre otras cosas. Sin embargo, cada herramienta de neuroimagen tiene sus propias limitaciones como la resolución temporal y espacial de las imágenes, así como la variación individual. No existe un cerebro promedio a partir del cual se puedan hacer interpretaciones.
El trabajo interdisciplinario facilita y permite una evaluación objetiva del impacto del daño cerebral, el funcionamiento de las personas en la vida diaria, el impacto del daño en la calidad de vida, los objetivos del paciente, entre otras variables que, en conjunto con el conocimiento de los factores que benefician la función cognitiva se generan programas de rehabilitación personalizados. La medición objetiva también es un parámetro útil para revisar si el programa llevado a cabo con él o la paciente ha sido de utilidad cuando hay cambios en la evaluación post-intervención respecto a la pre-intervención.
Finalmente, es relevante mencionar que, en la neuropsicología, como en el resto de las ciencias, todo el tiempo hay evolución y cambios dados por los nuevos descubrimientos, tecnologías o visiones. Esto propicia nuevos retos y objetivos para la investigación y la práctica clínica. A continuación, mencionaremos algunos de ellos.
La neuroimagen y la forma de emplearla y sobre todo de interpretarla continúa en desarrollo. La neuroimagen estudia el cerebro frente tareas experimentales (motoras, sensoriales o de lenguaje) que permitieran observar qué áreas trabajaban para llevarla a cabo. Pero también es posible estudiar la actividad cerebral cuando no se está realizando ninguna tarea, es decir, en reposo, lo cual ha permitido mapear la conectividad cerebral. Algunos autores mencionan que es posible que lo que medimos actualmente sobre conectividad cerebral, no signifique lo que suponemos. Recientemente la inteligencia artificial ha permitido analizar las grandes bases de datos que se han generado en distintos laboratorios.
Recientemente se ha debatido que la neurociencia cognitiva ha dejado de lado el papel de las emociones y proponen una nueva disciplina que combine la neurociencia, las emociones, estado de ánimo y personalidad. La neurociencia afectiva se encarga de identificar, describir y comprender los mecanismos neurológicos de las emociones y cómo éstos influyen en los procesos cognitivos, por ejemplo, la forma en la que focalizamos nuestra atención a eventos con carga emocional, qué información emocional perdura en nuestra memoria o cómo influyen las emociones en nuestra toma de decisiones.
Por otro lado, las perspectivas sobre el neurodesarrollo también han evolucionado, comenzamos a prestar más atención al impacto de las experiencias tempranas en la salud mental y cognitiva a largo plazo, así como la importancia de realizar intervención en la adolescencia, pues es la edad en la que distintos trastornos debutan. Además, debido al crecimiento poblacional es importante comprender los cambios de la edad y prevenir o bien, retrasar el deterioro neurocognitivo.
La neuropsicología ofrece una visión esencial para entender el funcionamiento de nuestro cerebro a través de nuestra conducta y es por ello que forma parte integral de las neurociencias. El profesional de neuropsicología realiza trabajo de investigación, evaluación y rehabilitación, tomando en cuenta al individuo en su contexto sociocultural, pues no somos cerebros aislados. El trabajo de la neuropsicología es interdisciplinario y de la misma forma en la que contribuye a otras áreas, se ve beneficiada de ellas y en conjunto se han realizado múltiples hallazgos que nutren el conocimiento teórico y la práctica clínica. Sin embargo, aún existen diversos desafíos y nuevos factores que incluir en la comprensión de la mente en relación al cerebro.
Referencias:
Elias, L. J., & Saucier, D. M. (2014). Introduction to Neuropsychology. In Neuropsychology: clinical and experimental foundations. (1st ed., pp. 1-25) Pearson
Escotto C. E. A. (2023). Parte I. La psicología y la neuropsicología. Consideraciones necesarias de cualquier diccionario de neuropsicología. In Diccionario de Neuropsicología (1st ed., pp. 13–22). UNAM, FES Zaragoza. ISBN 978-607-30-9055-1
Kandel, E. R., Schwartz, J. H., & Jessell, T. M. (2001). Cerebro y Conducta. In Principios de neurociencia (4th ed., pp. 5–18).
Kolb, B., & Whishaw, I. Q. (2021). The Development of Neuropsychology. In Fundamentals of human neuropsychology. (8th ed). Macmillan.
Ariadna Torres
Licenciada en Psicóloga con Orientación en Neurociencias por el Tec de Monterrey. Estudiante de la Maestría en Neuropsicología en la Universidad de Guadalajara. Apasionada por la divulgación científica basada en evidencia.
Twitter (X): @Ariadna_TorresE

